Cómo conocí la Violencia Obstétrica*- Primera parte

Mi cesárea INNEcesárea

Mi sueño era tener un parto domiciliar en agua, era lo que siempre había querido para mi bebé y para mí. Mi esposo sabía de mi deseo y siempre me decía que él me apoyaba con lo que yo quisiera.

En la mitad de mi embarazo nos vinimos a vivir a São Paulo, y la verdad no tenía ni idea de la realidad de los partos que se vive acá. El obstetra que escogimos fue uno que nos recomendaron y desde el comienzo le informamos que queríamos un parto normal. Él nos dijo que nos iba a ayudar para que fuera así. Durante los meses siguientes confiamos en él, aunque a mí me parecía muy raro que él no me recomendara ningún curso de preparación para el parto, yoga para embarazadas, o ningún tipo de ejercicio para el fortalecimiento del suelo pélvico. Hoy, dos años después, ato cabos y me doy cuenta de que él no tenía ningún interés en acompañar un trabajo de parto, ni mucho menos ayudarnos en nuestro deseo.

Cuando estaba en la semana 37, este médico nos dijo que a la semana siguiente ya nos podía “sacar” el bebé, porque ya iba a estar “listo”. Yo quedé muy angustiada, pero al no tener una red de contactos ni de apoyo, no supe qué hacer, por lo que no me quedó de otra que confiar en él. Yo le dije que no estaba dentro de nuestros deseos “sacarlo” antes de tiempo, y que antes de la semana 40 esperaba que no naciera. Siempre me decía que para los médicos era muy aburrido un parto normal porque es largo y hay que esperar mucho, además de todo el sufrimiento de la mamá y el bebé.

Él siempre me hizo sentir como si mi pedido de parto normal fuera cosa de otro mundo. Me decía que yo era muy valiente al querer uno, que psicológicamente las brasileñas no estaban preparadas para el parto normal y que por eso ellas preferían agendar las cesáreas antes de que comenzara el trabajo de parto. Para ese entonces, yo no estaba  alerta de la epidemia de cesáreas que hay en Brasil, y por eso, no tenía clara la realidad.

En la última ecografía que fue en la semana 38, él me dijo que la cabeza del bebé ya estaba muy grande y que, como iba a seguir creciendo, le daba miedo que no pudiera pasar por el canal vaginal. Yo sabía que el cráneo de un bebé no se ha terminado de formar en el vientre, justamente para tener flexibilidad mientras pasa por el canal. Ahí ya la alerta estaba amarilla.

Las 40 semanas -la fecha probable del parto- se cumplieron un viernes, . El doctor me dijo que el bebé estaba encajado y que si no nacía el fin de semana me tendría que inducir el parto. Además, me dijo, que ‘por si acaso’ tenía reservado un quirófano para el martes. Ese fin de semana no nació. El lunes me dijo que el martes hacía la inducción, el bebé era para el 23 y ese día era 25, no quería que “se pasara”.

Al otro día, mi mamá, mi esposo y yo, llegamos al hospital a las 5:30am, para hacer todo proceso de papeleo del hospital. Me llevaron sola a una sala de espera y después a una sala de parto. Un rato después, dejaron entrar a mi marido. Me pusieron la oxitocina artificial y las siguientes horas las pasé acostada y entubada, como si fuera un enfermo grave y no una mujer que iba a entrar en trabajo de parto. Ya para ese momento mi intuición me decía que nada estaba bien. Me sentía dopada en vez de activa; incómoda, en vez de tranquila. Sentía que me dormía y esa sensación no me gustaba porque sentía que mi bebé no estaba listo y todo estaba siendo forzado. No sentía ninguna contracción, dolor, ni ningún movimiento. Nada aparte del letargo que me hacía sentir lo que pasaba por la sonda.

A la 1 de la tarde, el médico entró en la sala y me dijo que la oxitocina no había hecho efecto (ésta puede demorarse hasta 4 días para hacer efecto). Tampoco hubo dilatación y como el bebé estaba encajado, le daba miedo que fuera a estar enredado en el cordón y que pudiera estar en peligro; que él prefería hacer la cesárea para que no hubiera ningún riesgo.

Es preciso aclarar que era martes de Semana Santa y el médico nos había contado que se iba para su casa en la playa al otro día de que mi bebé naciera. Ese mismo día nacieron, en ese hospital, otros 30 niños por cesárea.

Comencé a llorar desconsoladamente. En el hospital (era una maternidad que tiene registro de 93% de cesáreas) nadie entendía por qué lloraba. Todo el equipo médico me decía que era mejor, que todo era más fácil y que no me iba a doler.

El médico esperó a que mi esposo entrara para comenzar la cirugía. Cuando me vio se angustió mucho porque yo estaba desconsolada rogando que no me hicieran una cesárea. Todavía me acuerdo la fuerza con la que agarraba mi mano. Comencé a oler a quemado y no entendía que era el láser cortando mi piel. Me dolía el alma, no podía creer que eso estaba pasando. Sudaba sin parar, estaba llena de miedo e impotencia. Sentía cómo me sacudían de lado a lado, las náuseas por el movimiento eran horribles, veía la fuerza que hacían los médicos para desencajar a mi bebé. Miré hacia arriba y vi todo reflejado en la lámpara . Ahí ya no pude soportar más. La cara de angustia y las lágrimas de mi marido, me confirmaban que esto no se parecía nada a lo que habíamos soñado.

Cuando el médico dijo: “hora de nacimiento 14:32”, sentí algo indescriptible. Oí llorar a mi bebé y me lo dejaron ver. No lo pude tocar, ni abrazar, ni sentir.  Sólo le pude dar la bienvenida hablándole al oído y decirle que todo estaba bien. Cuando me oyó paró de llorar. La neonatóloga me dijo que estaba en perfecto estado y eso ayudó a tranquilizarme. Se lo llevaron y no lo volví a ver en las siguientes 5 horas…

En el siguiente link puedes leer la segunda parte: https://lobamaterna.com/2015/10/22/como-conoci-la-violencia-obstetrica-segunda-parte/

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*Violencia obstétrica no es sinónimo de “violencia del médico obstetra”. Es sinónimo de “violencia en la atención obstétrica”. Puede ser cometida por cualquier profesional de la salud que entre en contacto con una embarazada durante la gestación, parto o puerperio. Médicos, enfermeras, obstetrices, técnicos, cualquier persona puede estar envuelta en un acto de violencia obstétrica. O también no entrar en contacto y que la abandonan a su propia suerte… Es una enfermedad en la atención obstétrica y necesitamos mirarla de frente lo más pronto posible. La “llamada” violencia obstétrica no es “llamada”, ese es el problema. Ella es tratada como atendimiento, así de sencillo.

Ana Cristina Duarte, Obstetriz- activista del movimiento de parto humanizado en Brasil.

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8 respuestas a “Cómo conocí la Violencia Obstétrica*- Primera parte

  1. Que pena me ha dado leer esto. Yo vivi tambien una cesarea horrorosa en Ecuador, pais de cesareas. Pero logre mi PVDC en casa y en agua, casi jaja termino en mi cama pero al menos logre sanar heridas. Que bueno ver que cada vez hay más paginas dedicadas a concientizar a las mujeres. Tengo escrita mi experiencia, si es util me avisas y con gusto te la envio. Un abrazo

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  2. Me emocioné muchísimo al leer este artículo. Yo gracias a Dios tuve a mi hijo parto normal, en algún momento mi obstetra también me dijo que mi bebe no estaba encajado y que mi pelvis era muy estrecha, pero que confiaba que en una semana eso cambiaría. Tengo la suerte de que mi obstetra siempre quiso parto vago al y nunca hablamos de cesárea, salvo esa ocasión en que le explicó que de ser necesario podía inducir el parto pero no antes de la semana 40. Hoy mi hijo tiene dos años cuatro meses. Y no me arrepiento por nada, tener un parto normal es lo mejor que me ha pasado. Trabajo en el area de la salud y estoy muy consciente de que en ocasiones las cesáreas son necesarias, y desearía que no se abusara de las cesáreas, yo feliz les cuento a mis amigas o a quien me pregunte. Que no hay nada mejor que sentir que tú trajiste a tu hijo al mundo en todo su significado. Sufriendo o no, con dolor, pero conciente de que gracias a tus pujos e insistencia llego para escuchar tunvo y tranquilizarse, lamentó mucho lo que te pasó, y espero que si alguna vez tienes otro bebé puedas tenerlo parto normal o en agua como comentadte, porque si se puede, un abrazo desde Chile!

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