Confieso: “Me fue pésimo con la lactancia” [Pero tengo ideas de cómo podría hacerlo diferente]

No pude amamantar a mi hijo exclusivamente como quería. No le pude dar más de 4 meses y desde los 10 días me tocó turnar las tomas (una mía, una de leche artificial). Siempre me dolió, siempre sentí que mi leche no era suficiente y desafortunadamente no lo disfruté.

Quiero aclarar que no me culpo y sé que como madre, siempre he hecho lo mejor que he podido, y este impase fue una mezcla de dolor físico y emocional.

De mi experiencia con la lactancia concluyo una cosa: ser madre está en nosotras, viene en nuestra información de mujeres, es instintivo, pero el instinto no puede solo y hay que ayudarle con asesoría e información.

No tengo recuerdos de infancia o adolescencia viendo a las mujeres de mi familia amamantando. Por el contrario siempre escuché frases como “desde que nació tomó leche de tarro y nunca se ha enfermado”, “no hay nada más fácil y práctico que el tetero”, “no hay nada más incómodo para uno y para los demás que amamantar en público”, “la leche de tarro es muy buena, eso ya está más que inventado”. No recuerdo frases que promovieran la lactancia materna.

Ese es el resultado de vivir en una sociedad en la que a la “teta” no se le puede llamar “teta”; a “dar teta” hay que decirle amamantar o le doy de mi leche (para amortiguar su efecto y no perturbar a los demás). Eso me llama la atención de las españolas que no le ponen ningún misterio, hablan tranquilas de la teta, de dar teta y se sacan tranquilas la teta. Amamantar en público está tan mal visto, que en las listas que se pasan de embarazada en embarazada para saber lo que hay que comprar es indispensable la manta para que nadie vea la “teta”. Una madre que da teta se tiene que esconder, retirarse de la visita o irse del restaurante. Es normal que un niño de dos años tome gaseosas o jugos de caja, pero está mal visto que tome teta. Las mamás que dan teta son catalogadas como hippies o campesinas. Y hasta he oído que las mamás que dan teta son las que no tienen recursos para comprar leche de tarro.

Una vez leí que se ha perdido el comportamiento tribal en el que el nacimiento, la lactancia, el puerperio, la crianza, lo viven las mujeres juntas y es por eso que en comunidades donde prevalecen las tradiciones tribales, el parto en casa o la lactancia exclusiva son normales y las niñas desde pequeñas se familiarizan con eso. Desde pequeñas aprenden viendo. Los gritos de alguna de sus familiares pariendo no es de terror; verlas con sus bebés en la teta es absolutamente normal.

Durante mi embarazo leí sobre lactancia, y en el curso de preparación para el parto al que fui no profundizaron mucho en el tema. Recuerdo que pensaba que todo se iba a dar de una manera tan natural, que esa información me sería suficiente.

Cuando nació mi hijo no fue pegado a mi pecho en la primera hora en la que es necesario que el bebé comience a mamar, ya que que el reflejo de succión es muy fuerte. Cuando me lo entregaron (5 horas después de su nacimiento), hubo una interrupción en el derecho que teníamos de habernos vinculado con respeto. Ya que conozco evidencias de que eso es así,  entiendo lo sagrado de “la hora de oro” para el bebé y la madre.

Salí del hospital con un pezonera de silicona y receta para leche artificial en mano. No salí con una asesoría en lactancia o con los datos de una consejera en lactancia en caso de que llegara a necesitarla. Como me encontraba en una ciudad nueva para mí, sin una red de apoyo, fue difícil encontrar ayuda.

A los diez días el dolor de los pezones se me hizo insoportable. Una amiga me decía, “sigue intentando, en una semana te pasará, es normal, no te imaginas el placer que es amamantar a tu bebé después de que pases esta etapa”. Pero el dolor no pasaba, por el contrario, cada vez se hacía más fuerte. Se me rompieron los pezones de tal forma que no conseguía sentir alivio entre toma y toma. Intenté de todo, remedios caseros, cremas, y con nada mejoraba. Las costras no sanaban, se volvían a abrir en cada toma, me salía sangre, me sentía mal, sentía una frustración horrible. Creo que lo que más me debilitó en el puerperio fue el día que me tocó usar la receta de leche artificial. Sentía que se me iba toda mi capacidad de “maternar”. Ese día todo cambió.

Fue tal la angustia que sentí antes de la toma, que me tocó entregarle el bebé a mi mamá porque no podía darle. Sentía físico miedo. Fue horrible. Estaba quedando mal conmigo misma y con mi bebé. Me acordaba de lo que me decía otra amiga: “yo le veo cara de piraña a mi bebé cada vez que le voy a dar de comer.” Y tal cual, el no haber sabido bien de la técnica hizo que mi hijo se convirtiera en esa piraña que destrozó mis pezones.

La pediatra me dijo que mientras sanaba le diera una toma de tetero y una de “teta”, pero no sanaba. Lo que me ayudó fue exponer mis pezones al sol (10 minutos antes de las 10am y después de las 4pm). Eso fue lo que me ayudó a cicatrizar.

La angustia y el estrés que significó la lactancia para mí hizo que mi producción de leche se fuera disminuyendo. Una fuerte incomodidad, el dolor y la frustración estuvieron siempre presentes (pero esto tiene que ver más con el componente psicológico y emocional que significa amamantar, y eso es bastante importante, pero esta vez no voy a profundizar en el tema).

Mi mamá trataba de tranquilizarme y darme ánimo. Para ella no era taaaan grave lo que pasaba porque ella pertenece a la generación en la que la pediatría consideraba no necesaria la leche materna y que podía ser reemplazada por la artificial, pero para mí era como el fin del mundo.

Dicen que lo mejor para la depresión posparto es amamantar, es lo que sigue fortaleciendo el vínculo y lo que ayuda a que la madre vuelva a encontrarse. A los 4 meses no había identificado mi depresión posparto (no era el momento y sólo lo supe a los 6 meses de nacido mi hijo), seguramente si hubiera podido “dar teta” por más tiempo, ésta no habría sido tan fuerte. No lo sé, no lo voy a saber, simplemente lo expongo porque es parte de mi trabajo interior.

Mi bebé se fue acostumbrando al tetero y al sabor de la leche artificial. No conseguí lo que muchas mujeres sí, y fue volver a la exclusividad. Duraba 20 minutos en cada teta y después le tenía que dar tetero. O sea que duraba más de una hora en cada “comida”. El agotamiento era intenso porque tenía poca ayuda (además, no hay nada más trabajoso que lavar teteros). Mi marido se encargaba del “turno” de las 8pm y ese era mi momento de descanso. Fue así como a los 4 meses, con un dolor profundo, tuve que dejar secar mi leche. Me fui preparando y lo fui preparando. Con todo mi amor le expliqué lo que me estaba pasando. Así murió lo que había planeado: ser exclusiva y amamantar un año como mínimo.

Sé que con mi próximo hijo todo puede ser diferente. He aprendido muchas cosas y veo la maternidad con otros ojos. Ya viví una experiencia difícil y tengo herramientas para que no se vuelva a repetir. Ahora soy consejera en lactancia materna porque quiero ayudar a las mujeres que necesitan soporte, sobrepasar los momentos difíciles de la maternidad y así vivir la etapa con placer.

 

¿De qué sirve vivir experiencias fuertes y difíciles si no es para aprender?

De nada. Es por eso que quiero plantear ideas para hacerlo diferente. He aprendido de la técnica, pero sobretodo del proceso emocional y de entrega que significa la lactancia materna. Quiero decirle a todas las mujeres que lo hacen por tiempo prolongado, que no se esconden, que se sienten libres, que no sienten vergüenza, que no les importan los comentarios como “¿hasta cuándo le vas a dar teta? ¿no te parece que es muy grande para que le sigas dando?”; quiero decirles que las admiro, que están desafiando un sistema que intenta debilitar nuestra feminidad. No podemos dejar de lado que las leches artificiales son leche de vaca, por más que sean un “plan b” y ayuden a bebés que no pueden ser alimentados por su madre, son leche de vaca.

 

microscopio
Leche artificial vs. leche materna vista en un microscopio

 

¿Qué haría diferente?

  1. Me informaría bien de lo que significa la lactancia a libre demanda.
  2. El curso que haría durante el embarazo sería uno que tuviera mucho enfoque en el puerperio, lactancia y la relación de pareja, y así conocer acerca de los procesos emocionales con los que se van a enfrentar los nuevos padres.
  3. Durante el embarazo contactaría a una consejera en lactancia o doula posparto, a quien pueda llamar cuando necesite ayuda, soporte o apoyo.
  4. Compraría una poltrona hipercómoda (mi silla de amamantar era durísima).
  5. No tendría el reloj en la mano para contabilizar cada toma ni seguiría eso de que las tomas tienen que ser cada tres horas.
  6. Trataría de evitar usar extractor de leche y de teteros para no tener una medida en onzas de lo produzco y así no tener comparaciones.
  7. Colecharía- ni moisés, ni corral, ni en la mitad de mi marido y yo, en esas cunitas que venden ahora para encajar al lado de la cama.
  8. Escogería el porteo como manera de “cargar” a mi bebé. Usaría slings para todo.
  9. Escogería para el parto un lugar en el que me dejen tener el bebé en mis brazos apenas nazca y que pueda mamar en la primera hora (a menos que nazca con alguna complicación médica real). Caso de ser cesárea que sea humanizada para que me lo peguen inmediatamente nazca.
  10. No me escondería ni me taparía al dar teta (al que le moleste o lo vea grotesco, que se vaya, así reciba críticas y me hagan bullying).
  11. Quitaría todas las expectativas frente a la lactancia, para no sentir frustración.
  12. Respetaría más los tiempos de mi bebé y los míos.
  13. El pediatra que escogería, sería uno que si mi bebé no está aumentando de peso, no me diga que es porque mi leche no es suficiente.
  14. Asistiría a un grupo de lactancia, esos a los que las madres puérperas se reúnen para hablar de cómo se sienten, y así tener tribu, ayuda y compañía.
  15. Comentarios como los de la foto arriba o consejos como: “que la última toma sea de leche de tarro para que te duerma toda la noche”, dejaría que me entren por un oído y me salgan por el otro.

 

Eso haría diferente. Me llenaría de herramientas para que mi lactancia fuera exitosa y en caso de necesitar ayuda, poder recibirla inmediatamente. El puerperio no es fácil, y menos para los padres primerizos. Es un periodo de acople, cambios, nuevos roles, nuevas emociones, cansancio, etc., como para que lo más placentero del momento –dar teta- sea un desgaste y una frustración.

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12 respuestas a “Confieso: “Me fue pésimo con la lactancia” [Pero tengo ideas de cómo podría hacerlo diferente]

  1. Dejame felicitarte por tu articulo yo ya he pasado por todo eso y en verdad fue muy pesado al ser mama primeriza, es algo hermoso pero verdaderamente desgastante a lo que con anterioridad estaba acostumbrada pero con amor y tolerancia fortaleciendo cada día el lazo madre he hijo a pesar de lo dolorosa que es la lactancia por un tiempo todo se puede hoy mi bebe tiene 6 meses y es un niño muy sano gracias dios que me a dado la satisfacción y bendición de solo amamantarlo gracias por compartir tu experiencia como mama yo lo vi un poquito después pero las que lo lean y estén próximas a ser mama les servirá muchisimo.

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  2. Yo confieso que cuando tuve a mi bb hace ya 4 meses si me fue difícil amamantarlo por el dolor que se siente sin embargo y pese a todo lo supere y aunque pediatras me piden que lo alimente cada 3 horas yo no lo recomiendo ya que así crecen mejor y el vínculo entre madre e hijo es más fuerte ahora me siento muy feliz por dormir con el a mi lado y amamantarlo cuantas veces tenga hambre mi bb

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  3. Preciosa te entiendo perfectamente, no te culpes yo pase por lo mismo, no pude dar el pecho en exclusiva y no recibí muchos apoyos para ello, al principio me frustro mucho y es cierto que pienso que si tengo otro hijo espero que todo salga mejor, o al menos yo lo haría de otra manera. Pero que sepas que eres igual o mejor buena madre porque lo has intentado y no has desistido, y eso es mucho más difícil teniéndolo todo en contra. Es una lástima que dar el pecho sea un tabú para tantas personas o en tantos lugares. Un abrazo

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  4. Excelente articulo, no tengo hijos pero apoyo las cosas que dices y quisiera poder aplicarlas cuando los tenga, 🙂 Las mujeres somos capaces de hacer cualquier cosa, y no debemos prestar atención a los que dicen los demás, siempre debemos confiar en nuestro instinto! Ánimo y éxitos a las que está amamantando, a las que van a amamantar y a las que ya lo hicieron, felicitaciones!

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