Han pasado varios dias despues de mi PVDC (parto vaginal despues de cesárea) en agua y en casa, recién me animo a ir un poco para atrás y escribir, como me lo recomendo mi esposo. Lo hago con humildad, espero le sirva a alguien.

Debo confesar que desde que empecé a leer sobre el tema, me enamoré de la idea, un hospital ya no era una opción para mí. Yo quería tener esa experiencia tan llena de amor, tan natural, necesitaba compartir el nacimiento de mi hija sólo con mi maravilloso esposo y mi hijo, sin intrusos, sin medicinas, ni intervenciones innecesarias y dolorosas sobretodo emocionalmente para mí y mi hija. Quería que María Elisa naciera llena de amor y paz, sin ese llanto desesperado con el que nacen los niños hoy en día. Necesitaba sanar heridas pasadas y que mi hija viniera a mí sin tener que pedir permiso, conectar con ella desde el primer instante, tener una lactancia exitosa y hacerlo por mucho tiempo, tantas cosas quería, y ésta fue una forma maravillosa de hacerlo.

Como todas las cosas que uno planea e idealiza, el proceso para llegar al parto no fue lo que esperaba, mi gorda tenía planes diferentes. Yo tenía la idea de un parto corto y con dolor, pero rebosante de amor, nada que no pudiera manejar. Ella me dio un pre-parto de semanas eternas de dolor y malas noches y una labor de parto de más de 40 horas.

Yo quería que naciera alrededor de la semana 38 porque estaba muy adolorida desde alrededor de la semana 35, ella decidió nacer en la semana 42+1, luego de una espera inquietante llena de ansiedades y nervios.

Y bueno, mejor voy a empezar desde el principio:

Alrededor de la semana 38 empecé a botar el tapón mucoso (otro tema especial en este parto), iba eliminandolo poco a poco y creía que acercaba al parto, emocionada, ilusa yo.
Al botar una buena parte del tapón en la semana 39, llamé a la doctora y ella decidió venir a mi casa. Ella vive en Cuenca, un viaje de 3 horas, por lo que no quería arriesgarse. Esperamos y esperamos 3 días, no paso nada. La doctora muy paciente se regresó y decidimos seguir esperando con calma, esto no se apresura, ni es cuando uno quiere,  sino cuando debe ser.
Caminaba, caminaba mucho, esa fue mi misión esas semanas a pesar del dolor que me causaba. No sé si al final eso ayudó o no, al final creo que nacen cuando deben nacer, pero a eso me dediqué junto a mi esposo que me apoyó en cada paso que daba y mi hijo de 2 años disfrutó mucho todo el tiempo familiar que nos dimos.

Llegó la tan temida semana 40 y las contracciones se intensificaban pero no había ritmo, sentía que mi gorda estaba tan abajo, tan lista,  pero no llegaba el momento. Estaba muy adolorida, así que la doctora decidió viajar nuevamente, los síntomas eran inminentes. Esperamos 3 días más y nada. Así que decidimos, a pesar de que no era lo planeado, hacer un primer tacto. Nos daba miedo que la doctora se regresara a Cuenca y empezara el trabajo de parto mientras ella iba en el camino y que no alcanzara a regresar de nuevo. Ilusa yo que pensaba que iba a parir en 3 horas. Resultado del tacto: cuello uterino intacto, seguimos verdes.

Así que la doctora siguió su camino una vez más con esa paciencia enorme que la caracteriza y le permite hacer su trabajo respetando los ritmos de cada uno.
Pasaron los días y seguía con dolor y más dolor, pero feliz, a pesar de las molestias físicas. Lo que viví con mi familia fue hermoso, todo el amor que me tiene mi esposo, pude palparlo tan de cerca, llegamos a esa complicidad que es tan difícil alcanzar a veces, siempre me apoyó, a pesar de que para mi mundo, estaba un poco loca.

Pasada la semana 40, empezamos un monitoreo más de cerca. Los nervios empezaron a atacar e intentar conseguir un buen ginecólogo/ecógrafo, que nos diera una opinión válida y que no fuera alarmista en esta ciudad fue un reto, pero lo encontramos. El doctor apoyó completamente mi intención de tener un PVDC o talvez no escuchó bien y pensaba que era solo un parto natural, como sea, me dijo la verdad,  mi hija estaba más que perfecta y podiamos esperar unos días más.

Esta etapa creo que fue la más complicada a nivel emocional, la gente puede llegar a ser muy imprudente, y la presión con los comentarios e historias fantásticas de cosas horrorosas que les han pasado a los bebés por esperar tanto eran mi pan de cada día. Mi familia preocupada diciéndome que por favor tuviera cuidado, y yo con tremenda carga en mis hombros y nervios propios por ser la madre de esa bebé, por quien estaba haciendo todo esto y, ella terca simplemente no quería salir aún. Una vez más el rol de mi esposo fue esencial en este momento, repartió la responsabilidad,  me dijo que esto fue su también su decisión y que no tenía porqué estar nerviosa si nuestra hija estaba en perfectas condiciones y así, juntos, seguimos esperando y por supuesto, caminando.

Semana 41+3 días y no pasaba nada. Recuerdo este día porque hicimos otra ecografía en el que ya el doctor nos dijo que no debíamos pasar de la semana 42, ya que el líquido amniótico,  por más de que seguía con buen volumen, para esa fecha debía haber bajado considerablemente. Empezamos a considerar la cesárea, habíamos hecho lo posible, era triste pero decidimos programarla para el día viernes, día en el que cumplió las 42 semanas, no íbamos a correr riesgo alguno.

Llegó el día jueves en la mañana y aún sin médico que realizara la cesárea. Conversamos con nuestra doula, hablamos de las opciones y decidimos hacer la ecografía para ver si podiamos esperar hasta el lunes, para luego entrar directo a la maternidad con el médico tratante del momento. Ella trabaja ahí y me prometió que me iban a tratar bien, hablamos todo esto sin saber que ese mismo día empezaría el trabajo de parto.

Fue alrededor de las 5pm cuando fui al baño y terminé de expulsar el tapón mucoso, al menos eso creía yo. Sali emocionadísima a celebrar con mi esposo, saltando en la cama y con lágrimas de felicidad, estaba segura de que había llegado el dia.
Le avise a la doctora y llegó a mi casa como a las 11:30pm o 12:00am justo cuando empezaron a molestar las contracciones.
Empezamos cada 20 minutos, suaves, nada que no pueda manejar, pero obviamente no dormí, necesitaba pararme para pasarlas. Casi a las 3am la doctora y mi esposo se acostaron, los deje descansar para que tuvieran fuerzas al otro día. Llegó el día viernes, semana 42 y seguía con contracciones cada 20 minutos, no se acercaban ni se iban intensificando mucho, seguía botando tapón, cosa que  sucedió durante toda la labor de parto, esto era súper extraño porque no es común tener tan tapado el cuello, con razón no salía la gorda.
Pasaban las horas y seguía con molestia y dolor, pero no pasaba nada. Decidimos hacer otro tacto para ver que estaba pasando.
Resultado del tacto: cuello borrado, 2 centímetros de dilatacion, aun verdes pero avanzando.
Pasamos todo el viernes así, los dolores empezaron a intensificarse y llegó mi súper doula, sin ella no lo lograba. Pasamos la segunda noche en vela, ya con el equipo completo y contracciones mucho más fuertes en las que necesitaba ya esa respiración tan temida por mi esposo y esa maravillosa manera de mi doula de apretar mi cadera que lograba aliviarme muchísimo. Seguía botando tapón, por cantidades.

Amaneció y no se acercaban las contracciones, solo aumentaban su intensidad, decidimos hacer otro eco para revisar el bienestar de la bebe, debíamos empezar a considerar otra vez nuevas opciones, estaba demorando demasiado.
La ecografía reveló que la gorda estaba bien, pero efectivamente, el líquido ya estaba bajo, la bebé debía nacer ese día. Regresamos a la casa y decidimos hacer un tercer tacto para según su resultado, tomar decisiones. Cabe recalcar que el tema de los tactos fue horrible y se hacían solo porque mi caso era especial, hubiera sido muy bueno que no existieran tantos como era la idea inicial.
Resultado del tacto: 7cms de dilatación.
Contracciones: Disminuyendo.
Era momento de tomar decisiones, el parto no avanzaba y yo estaba agotada. La doctora me ofreció una prueba de parto, inducir poco a poco teniendo el cuidado que amerita por una cesárea previa y la otra opción: la cesárea. Fuimos al dormitorio para decidir que hacer, yo no queria ninguna de las 2, lloré y me desahogué con mi esposo, todo lo que había pasado era en vano. No sabía qué hacer, me daba terror la inducción, sabía que no iba a poder estar tranquila, así que decidimos programar la cesárea. Salimos a la sala para avisarles, mientras yo empezaba a sentir las contracciones con más fuerza de lo normal y mucho más seguidas. Había tenido tantas falsas alarmas que no lo creía, venía una tras otra, tras otra y no entendía que estaba pasando.
¡Se había desencadenado el parto al fin!

Al poco tiempo perdí la noción de la hora y de lo que pasaba, el dolor era una locura, fuera de mi control, inexplicable, no podría redactarlo. Mi refugio fue mi imaginación, mi monstruo, la temida respiración, ese era el que atacaba al dolor. Entraba una contracción, me salía un grito súper agudo de desesperación y me acordaba del monstruo  que salía con garganta a atacar con un sonido muy grave al dolor. Funcionó para mí, gracias a mi monstruo no perdí la conciencia en ningún momento, entraba y salía de la realidad según mis necesidades.
Llenaron la piscina y me emocioné, estaba cerca el momento, pero no me imaginé lo que venia luego.
Entré a la piscina y empecé con contracciones súper dolorosas junto a pequeños pujos, así estuve alrededor de dos horas, ya no podía más. Mi hijo en el cuarto de a lado, mi esposo preocupado por él y yo también. Mis gritos lo asustaban, los planes de que él no estuviera presente no salieron como esperábamos y eso entorpecía todo, pero yo no podía contener los gritos, así que le pedí a mi esposo que fuera con él y en ese momento se terminó de ir al diablo el plan de amor y contención contra el dolor y a él le tocó renunciar al nacimiento de su hija.

Preocupada, la doctora decidió pedirme que saliera de la piscina,  el agua me había agotado, estaba demorando otra vez, había entrado muy pronto y mis músculos no reaccionaban. Una vez más, mis planes cambiaron…
Terminé pariendo en mi cama, agarrada del respaldar, a lo salvaje, semi sentada, piernas abiertas agarradas, con la urgencia terrible de pujar peleando conmigo misma, con mis miedos, con mis traumas tal vez, una pelea interna más intensa que la del cuerpo. Quería pujar y no quería, no quería que saliera, simplemente me quedaba en ese lugar, sintiendo el dolor.
¿No quería que terminara?
No lo sé, ahora entiendo lo que me decían de que el parto tiene mucho sentido espiritual, si se siente por completo. Salieron cosas que yo no sabía que tenía; temas personales y cosas sin resolver, diferentes en cada mujer, me imagino, pero el sentido de empoderamiento al finalizar es increíble.
Alrededor de 15 pujos terriblemente dolorosos y mucha barra de parte de mi doula, mi gorda salió en uno solo, como le venía pidiendo durante todo el expulsivo.
Segundos después, ella estaba en mi pecho, mojada, caliente, resbalosa, tan natural, tan increíble, tan perfecta. Se fue el dolor instantáneamente y llego la sensacion más maravillosa que haya sentido en toda mi vida, alucinante, felicidad extrema.

¡Lo habia logrado!

No lo podía creer, tenía a mi hija en brazos, con el cordón todavía, sin llanto desesperado, con paz y rebosante de amor. ¡Bienvenida Maria Elisa! La gordita mas esperada, que llegó con muchas lecciones de vida y nos regaló lo que ahora llamamos un matrimonio invencible y una familia perfectamente imperfecta. La recibimos en casa, en familia, con planes caídos, pero con muchisimo amor, con papá y hermano mayor.

Estoy en pleno puerperio o post parto y la mayoria de mis días son claros y felices, creo que lo debo a como empecé esta gestación. Puedo comparar y puedo afirmar que elegir una cesárea programada por miedo o falta de informacion es un error garrafal.
Creo que ninguna mujer debería regalar el día del nacimiento de sus hijos a apurados doctores. No creo que el parto en casa sea para todas, personalmente lo hice porque me informé muchísimo, puse en una balanza los riesgos y beneficios y la casa siempre fue la mejor opción para mí. Lean mucho, busquen fuentes confiables, OMS, UNICEF, busquen grupos de apoyo que brindan todo este tipo de informacion, hay muchas personas dispuestas a ayudar.
Otra cosa que podría atreverme a decir, es que no le tengan miedo al dolor, son solo unas horas, es dolor y no sufrimiento, es el medio para conseguir tener a nuestros bebés en brazos y parece que nuestro organismo lo sabe, todas sabemos parir, en serio, soy la peor candidata, la peor, si yo lo hice, todas pueden.
Ahora bien, si a pesar de informarse, deciden por cualquier razon una cesárea, debe ser humanizada, linda, algo para recordar.

Personalmente, si hubiera una clínica para parto natural humanizado en Guayaquil lo hubiese hecho allí, donde me den libertad de movimiento y pueda parir como se me antoje y me pida el cuerpo. Con luces tenues y música si fuese lo mío, acompañándome y no diciéndome qué hacer,  las mujeres sabemos qué hacer. Desafortunadamente en esta ciudad la cesárea es la opción numero uno, un PVDC no existe y no se respeta en ningún momento a los protagonistas del tema: mamá y bebé. El parto se volvió una operación de rutina como queriendo salir de una pequeña imperfección y se vive en medio de conversaciones triviales de fútbol o bromas de mal gusto.

Mujeres, realmente no saben lo que regalan, como quisiera poder transmitirlo de tal manera que si alguna embarazada me lee, pelee por lo que quiere, porque vale la pena.
Mi parto no fue para nada como lo planeamos, no fue como los videos que vi, ni fue en el agua como quería. Pero fue mío y de mi familia, de nadie más. Las personas que me acompañaron me respetaron hasta el final y pude disfrutar esos primeros momentos con mi hija sin sentirme rara ni apurada, estaba en mi casa,  con mi familia, segura. Van a ser un día o un par de dias inolvidables y ese sentimiento de tener a mi hija calientita encima mío, piel con piel, no lo cambio por nada en este mundo.
Creo que el parto debe ser respetado como algo importantísimo en la vida de una mujer, debe ser un dia lleno de amor y emoción, no entiendo qué nos ha pasado. Tal vez yo soy romántica, pero para mí, el nacimiento de mis hijos es sagrado.

¿Me preguntan si lo haria otra vez??
Sin pensarlo dos veces.

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3 respuestas a “

  1. Me ha gustado mucho tu experiencia, sobre todo porque me identifico con ella.
    Felicitaciones por tu parto, no fue lo que planeaste pero fue tuyo y eso nadie te lo va a quitar.
    Estoy en mi semana 22 de II Gesta y lamentablemente mi primera experiencia fue realmente triste, pues después de tanto prepararme para un parto humanizado en agua terminé con 9cm de dilatación en un quirófano con una cesarea innecesaria, pero voy por la revancha aunque todo el mundo me dice que estoy loca y me gustaría, te agradecería muchísimo si me dieras los contactos de ese maravilloso equipo que te ayudó (la doula y la ginecobstetra), así como de los grupos de apoyo activos que sepas que existen.

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